9 de junio de 2010

II. GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER - BIOGRAFÍA



Biografía



La familia


A finales del siglo XVI, llegaron de Flandes unos nobles flamencos sin saber que dos siglos y medio después se convertirían en una de las familias más importantes de la poesía española. Los Becker, que así se llamaban aquellos comerciantes flamencos que castellanizaron su apellido enseguida, se situaron muy pronto entre las más altas familias de Sevilla, gracias a ese poder de absorción que posee Sevilla ante los extraños.
En 1827, el pintor José Bécquer, que en realidad se apellidaba Domínguez Insausti Bécquer, contrajo matrimonio con doña Joaquina de la Bastida y Vargas.



El matrimonio tuvo ocho hijos varones: Eduardo, Estanislao, Jorge, Valeriano, Gustavo Adolfo, Ricardo, Alfredo y José.



Nacimiento e infancia de Gustavo Adolfo

Un miércoles 17 de febrero de 1836 nació Gustavo Adolfo Domínguez de la Bastida Insausti Vargas Bécquer Bausá, mucho más conocido como Gustavo Adolfo Bécquer. Fue bautizado ocho días después, el 25 de febrero, en la Parroquia de San Lorenzo Mártir.



Gustavo no tuvo nunca ni el mínimo rayo de resplandor familiar, ya que su padre murió en enero de 1841, cuando Gustavo iba a cumplir los cinco años. Aunque crecería con su vago recuerdo junto a doña Joaquina (su madre) y su hermano Valeriano. Ambos hermanos parecían predestinados a vivir y morir juntos y como verdaderos amigos, Valeriano se levantaba y dibujaba a la luz de la luna, bajo la mirada atenta de su hermano pequeño.

Sobre los primeros colegios a los que acudió Gustavo no se sabe nada, ya que no está registrado, pero lo que sí se sabe es que en 1846, cumplidos ya los 10 años, Gustavo ingresó en el Colegio de San Telmo , colegio en el que cuya condición era ser hijo pobre de familia noble y costearse el uniforme.

Y un día como otro cualquiera, la vida de Gustavo cambió de repente. El sábado 27 de febrero de 1847 murió su madre. Gustavo quedó abatido e intentó sobreponerse, y lo hizo, ya que 15 días después saco un sobresaliente en primeras letras. Cuando todo parecía ir bien, por Real Orden, el Colegio de San Telmo es suprimido. Se puede imaginar cómo se sentiría aquel niño huérfano al que las cosas parecían que le fuesen bien, pero nunca se sabrá cómo se sentiría en realidad. Tras suprimirse el Colegio, los niños fueron recogidos por sus tías María y Amparo de la Bastida.

Con 14 años ingresó a un taller de pintura, estuvo allí durante cerca de un año. A continuación, se marcha al taller de su tío Joaquín Domínguez Bécquer, donde estudiaba Valeriano.



Allí su tío se dio cuenta de que su verdadera pasión era la Literatura, entonces le costeó los estudios de Latinidad . Cuando verdaderamente se percató del don de su sobrino para la poesía, fue cuando escribió Oda a la muerte de don Alberto Lista:

Lágrimas de pesar, verted, y el rostro
en señal de dolor, cubrid, doncellas,
las liras destemplad y vuestros cantos
lúgubres suenen.

La vil ceniza del cabello cubra
los sueltos rizos que, volando al aire,
digan al par con nuestros ayes tristes:
"Murió el poeta."

¿Oís? "¡Murió!", repiten asustadas
con flébil voz, las Musas y, aterrado,
también Apolo con dolor repite:
"Murió por siempre."

Pero mirad, mirad. Ya Melpómene
de entre el lloroso grupo se levanta,
toma la lira y con acento triste
canta; escuchemos.

"¿Quién cortó -dice- la preciosa vida
del cisne de la Bética? ¿Qué mano
impía, de las ondas siempre claras
del Betis, arrancó su amado hijo?
¿Quién fue el osado?"

Llorad, musas, llorad, y descompuestas
las trenzas del cabello, dad al viento;
la Parca fue quien de su vida el hilo
cortó inmutable.

¿Y no temiste? ¿La segura mano
al descargar el golpe no temblaba?
¿Su respetable ancianidad, sus años,
no te movieron?


Tiempo adelante, Bécquer publicaría sus poemas en una revista de Sevilla.



Vida adulta y muerte

Con 18 años Gustavo conoce a Julio Nombela, madrileño residente en Sevilla. Ambos soñaban con publicar en un futuro, conjuntamente, todas sus poesías.

A su edad (18), Gustavo era distraído, soñador, desordenado, impresionable y con falta de voluntad; encontró en Valeriano el apoyo necesario. Era un fumador empedernido y se encendía el cigarro con la colilla del anterior. Se cuenta que era sonámbulo y muy misterioso. Tanto que, en la rima LXXI, se puede observar que Bécquer describe un viaje astral:

No dormía; vagaba en ese limbo
en que cambian de forma los objetos,
misteriosos espacios que separan
la vigilia del sueño.

Algún tiempo después (pues no se sabe la fecha exacta), Bécquer marchó a Madrid. Allí conoció a Luis García Luna con el que, junto a Julio Nombela, escribía biografías de diputados. También colaboró en los semanarios de El Mundo y El Porvenir y trabajó como traductor de poemas.

Años después, en el 1858, Gustavo contrae una grave enfermedad que le tuvo más de dos meses en la cama con fiebre y tumores por el cuerpo. Durante ese período de tiempo, Bécquer escribió su primera leyenda El caudillo de las manos rojas. Después, el médico le recomendó que diera paseos y así conoció a Julia Espín, su amada. Para él, su verdadero amor. Una preciosa chica de ojos azules de la que se enamoró perdidamente. Gracias a ella comenzó a escribir poemas, a ella va dirigida la poesía llamada Tu pupila es azul:

XIII
Tu pupila es azul, y cuando ríes
su claridad suave me recuerda
el trémulo fulgor de la mañana
que en el mar se refleja.



La relación no prosperó porque Bécquer le parecía poco. Después (entre 1859 y 1860) amó con pasión a una "dama de rumbo y manejo" de Valladolid, Elisa Guillén, pero la amante se cansó de él y su abandono lo sumió en la desesperación.

En 1866 ocupa de nuevo el cargo de censor hasta 1868; es este un año tétrico para Bécquer: se casa con Casta Esteban, que le es infiel, su libro de poemas desaparece en los disturbios revolucionarios y para huir de ellos marcha a Toledo, donde permanece un breve tiempo. Con ella tuvo a sus dos hijos Gregorio Gustavo Adolfo y Jorge Bécquer. En diciembre nace en Noviercas su supuesto tercer hijo, Emilio Eusebio, se dice que este último hijo es del amante de Casta. Tiempo después se separó de ella.

Su último amor fue una muchacha llamada Alejandra, para la que van dedicadas sus últimas rimas, como por ejemplo la de Porque son verdes tus ojos:


XII
Porque son, niña, tus ojos
verdes como el mar, te quejas.
Verdes los tienen las náyades,
Verdes los tuvo Minerva
y verdes son las pupilas
de las hurís del profeta.


El peor momento de su vida fue la muerte de su hermano Valeriano, ello supuso para él un gran golpe, tanto que pocos meses después recayó de su enfermedad y la madrugada del 22 de diciembre falleció irremediablemente, durante un eclipse total de sol. Las causas exactas se desconocen, pudo ser tuberculosis o alguna enfermedad de transmisión sexual.

Mientras agonizaba, pidió a su amigo el poeta Augusto Ferrán que quemase sus cartas («serían mi deshonra») y que publicasen su obra («Si es posible, publicad mis versos. Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo»); pidió también que cuidaran de sus hijos. Sus últimas palabras fueron «Todo mortal».

Actualmente, los cuerpos de Gustavo y de Valeriano descansan en Sevilla.

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